Sábado de feriado largo con día del padre y cumpleaños de mi ex incluído. No hay mucho para contar, salvo que tengo un día un tanto sueñero, de esos que uno sólo quiere disfrutar de la cama y sus protectoras sábanas y cobertores. Y como eso es lo que necesitaba eso hice. Dormí todo el día. Ya que estuve sola todo el día también. Recién llegó mi hija y quizás ahora tenga con quién conversar o no, porque el hecho de que ella esté en casa no significa que tenga con quién conversar, es la vida de los hijos adultos. Llegan de la calle de encontrarse con sus amigos y vienen a la casa a encontrarse con sus amigos de Facebook o continúna la conversación con los que han visto por teléfono y con los que no han visto también, lo cual no deja ni un minuto para hablar con nadie más, salvo alguna expresión de afecto para los gatos, porque ellos no tienen pruritos y las piden casi imponiéndoseles.
Por lo tanto, los padres somos meros compañeros de vida en el menor sentido de la palabra, en el sentido de que hay alguien más los ratos que ellos llegan y encima como ahora, cierran sin ningún recato la puerta de su cuarto a cenar lo comprado en la casa de comidas como diciendo, quiero estar sola, no me molestes.
En fin, vivir con los hijos adultos es una tarea no del todo fácil, uno los sigue amando, pero es como amar a alguien que está muy lejos, con el agravante que no lo está y uno no puede casi acercárseles.
Cuánto tiempo durará esta forma de vida entre las dos? y sólo Dios lo sabe. Lo único que yo se es que mi depresión va en aumento y que esta relación se me hace cada vez menos soportable. El sentirse absolutamente ignorado no es precisamente agradable y el estar sola no estándolo es una contradicción que duele.
Hace unos años todo era diferente, cuando todavía era una niña chiquita y aún estaba su hermana y su padre y esto era lo que se dice una familia normal. Se compartían cosas, comidas, conversaciones, momentos de alegría y momentos de displacer, pero se compartía. Todo eso mutó, cambió y siguió mutando y cambiando y todo fue a partir de su partida, la de ella, la de mi nena amada, la de mi hija mayor. Su partida modificó todo el hermoso cuadro familiar. Su partida fue como una gran explosión que lo devastó todo y hoy la más chica y yo estamos viviendo en las ruinas de lo que fue aquella familia feliz.
Adónde llegaremos me pregunto a veces. No lo sé. La partida de mi hija me arrojó al vacío y no puedo levantarme aún. Navego en un pozo de aguas turbias donde no me es posible ni mantener un diálogo con mi hija. Ella lo nota y creo que por eso se aleja más y más. Supongo que recién lo entenderá cuando sea madre, ahora le parece que no hago nada para salir de esto. Y he hecho todo lo posible para sobrellevar este dolor, y he logrado muchas cosas con ese esfuerzo, pero sucede que logro levantarme y luego algo por pequeño que sea me tira de nuevo y vuelvo a caer y siempre caigo en el pozo oscuro y de allí es difícil salir.
Así estoy en este momento, en el peor de los momentos por lo menos de esta semana, sólo le pido a Dios me ayude a salir esta vez y poder seguir no subsistiendo, quiero vivir y si no se puede sacarme de este lugar, entonces quiero mutar la vida en muerte, eterna, para siempre muerte. No más mutatis mutandi, no más. Sólo la nada y la ausencia de dolor.
Hace unos días tuve un sueño por el que iba a luchar y trabajar duro, hoy ya no lo tengo más, así es de mutable mi vida, así, tanto así.

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