lunes, 14 de junio de 2010

Lluvia y decisión

Es mañana de lunes, está lloviendo y no tengo que ir a trabajar. No podría darse conjunción mejor. Oigo el crepitar de las gotas cayendo en mi jardín y veo mi magnolia esquelética, la pobre ha perdido todas, absolutamente todas sus hojas y como cada año su silueta detrás de mi ventana se ve como fantasmagórica. Su tronco y sus ramas grises, el cielo completamente nublado que ha cubierto el sol de una manera intensa y junto a todo este paisaje el sonido de fondo de los truenos, hacen sentir desde mi ventana que estoy mirando una película de terror, y de las que más me gustan. Lo único que a veces modifica este panorama es el paso bastante frecuente para mi gusto, de los automóviles con su ruido chirriante en el asfalto mojado.
 Me siento bien, tengo otros motivos y tengo una duda, se trata de la duda sobre una toma de decisión que cambiará mi futuro emocional quizás ya para siempre. No es fácil tomarla, por lo que he decidido hacerlo en la tarde y dejar con la ansiedad de la espera al destinatario de mi respuesta a una pregunta. Quizás en la tarde vea más claro qué decisión tomar.
 De todos modos, me siento bien porque el hecho de que tenga que tomar la decisión ya implica una acción de la parte contraria que no esperaba, una pregunta, ¿qué significa? Sé que lo que yo conteste será fundamental y sé que lo que yo diga será tomado al pie de la letra y no será discutido ni peleado, aún en el hipotético caso de que quisiera defenderse una posición.
 Llueve, justo hoy que tengo que quizás...amortiguar o mejor dicho hacer morir un sueño para siempre.


Melan

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